Libertad, igualdad y fraternidad por el fin del Absolutismo; poderío gráfico y revueltas jugables por el fin de una generación. El Antiguo Régimen de la serie más exitosa de Ubisoft llega a su abolición con Assassin's Creed Unity, el primero puramente de nueva generación (PC, PlayStation 4, Xbox One), revisado y rearmado título en la lucha Assassins-Templarios que ahora nos lleva hasta la época histórica que sus creadores, como buenos trabajadores de un sello galo, más ganas tenían de recrear, la Revolución Francesa. París en llamas y en su momento más crucial y salvaje, con la burguesía y las masas obreras levantándose contra los acomodados poderes clásicos, con guillotinas en las calles para derrocar a los antiguos reyes corruptos, con las primeras constituciones modernas empezando a escribirse y con un joven Napoleón Bonaparte en la sombra preparando su demoledora imposición. ¿Puede haber un mejor escenario para ser un sigiloso y súper ágil asesino encapuchado que intervenga de forma activa en esta revolución maquinada?
AC Unity es el salto definitivo a nuevos sistemas de videojuegos para la rompedora saga sandbox que empezó su racha en 2007. Se dice que no es un título posible en Xbox 360 ni PlayStation 3 donde los anteriores episodios han barrido en ventas otoño tras otoño a pesar de un claro estancamiento de la fórmula en los últimos exponentes hasta Rogue. Ubi quería con este episodio revolucionar la marca en sentido jugable y, por supuesto, técnico. También hacerla renacer, absolverla de sus pecados capitales y cosas que no terminaban de estar bien ejecutadas. Un deseo muy ambicioso que no consigue. La nueva sincronización del Ánimus, aquí evolucionado a Helix, no se aleja de los patrones ya de sobra conocidos. El acontecimiento del siglo XVIII sirve al enorme estudio responsable de este juego para asentar ideas como las misiones adicionales en cooperativo o la preponderancia del sigilo frente a la más castigadora acción, para perfeccionar el elenco y rendimiento de movimientos parkour de los asesinos o para dibujar una atmósfera más poblada, más llena de vida y más detallada de lo particular al horizonte. La mejor París jamás tridimensionalizada en un videojuego. Eso sí, la París de los bugs.
Pero en ningún caso estamos ante un capítulo radicalmente rompedor y con nuevos estandartes que dejen atrás lo que menos gustaba, sí un salto generacional que no asume demasiados riesgos.


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